A mis exjefes con todo cariño

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Un jefe, más que la persona que está por encima de uno en el organigrama, es la que nos enseña a lo largo de nuestra trayectoria.

Por Pablo Cateriano

Hace un par de semanas invité a cenar a uno de mis exjefes y su esposa. Con ellos y con Mili, pasé una noche memorable. Tuve la oportunidad, que no había buscado antes, no solo de agradecerle por lo aprendido durante el año y poco más que trabajé con él, sino de recordar algunas anécdotas y aprovechar su experiencia para intercambiar impresiones sobre lo que se nos viene en estas épocas medio turbulentas. Fue ocasión, también, para pasar revista (ya en casa) a lo vivido con todos mis exjefes a lo largo de 18 años: nueve en total. Dos periodistas pura sangre, un intelectual, un broadcaster, un político, un publicista, una empresaria de garra, un productor de televisión y un empresario de la educación. Todos ellos, como es lógico, dejaron una huella antes de que ―hace ya 17 años― me convirtiera en mi propio jefe. Algunos aportaron más, otros menos. Del publicista aprendí a vender (y se lo dije esa noche). Era una fiera e imagino que lo sigue siendo, pues está activo. Verlo en acción era casi como apreciar una puesta en escena. Cada palabra, cada gesto y seguramente hasta cada broma estaba planeada. Disfruté mucho viéndolo, sin saber que más tarde eso me serviría. De la empresaria interioricé su tenacidad, el no dar nada por perdido, el insistir, el pelear hasta conseguir el objetivo. Ella fue capaz de sacar adelante un emprendimiento a puro pulso. Hoy ―aún trabaja― es dueña de una marca emblemática en el país. Y claro, nunca me imaginé que años más tarde yo tendría que tratar de ser como ella para salir adelante. Mis otros jefes me dejaron varias lecciones. Los jefes periodistas: la verdad es imbatible. El intelectual: la pasión por las ideas. El broadcaster: su cercanía con la gente, su buena onda, el ser horizontal. El político: la visión de país, la preocupación por problemas que en el día a día uno no siente, salvo si deja que su lado más sensible esté debidamente informado. El productor de televisión: más allá del talento innato y las oportunidades, debemos optar siempre por el buen camino. El empresario de la educación: que la vehemencia es una virtud que hay que saber manejar.

DE LA EMPRESARIA INTERIORICÉ SU TENACIDAD, EL NO DAR NADA POR PERDIDO, EL INSISTIR, EL PELEAR HASTA CONSEGUIR EL OBJETIVO. ELLA FUE CAPAZ DE SACAR ADELANTE UN EMPRENDIMIENTO A PURO PULSO. HOY ―AÚN TRABAJA― ES DUEÑA DE UNA MARCA EMBLEMÁTICA EN EL PAÍS.

Hoy, trato de ser un buen jefe. Para ello, claro, tengo presente lo vivido. Aunque acaso lo haga por conveniencia, pues me encantaría que años más adelante alguno de mis colaboradores me invité a cenar y recuerde conmigo lo que hicimos juntos, lo que vivimos y aprendimos juntos. Que comentemos en medio de risas, pero también con gestos de admiración nuestras historias (como cuando tenemos la oportunidad de encontrarnos con nuestros maestros), con ese mismo cariño y orgullo (como lo sentí yo aquella noche). Y es que eso es un jefe: un maestro.