Chau, universidad

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Este sábado se celebra la ceremonia de graduación de la facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima. Llegó el esperado momento: me gradúo. No podría decir que estoy completamente emocionado, pero tampoco deja de ser un evento importante para mí. No en vano ha sido una larga travesía, que se inició hace ocho años y en otra casa de estudios, allá en el 2011.

Yo acababa de salir del colegio. Estaba seguro de que quería seguir una carrera de letras e, influenciado por mi padre, que es abogado, opté por estudiar Derecho. Tres años después, convencido de que había elegido de forma apresurada mi futuro profesional, me trasladé a la Universidad de Lima para convertirme en lo que actualmente soy: un comunicador.

De tener que ir a practicar en saco y corbata, me interné en un mundo completamente distinto. De apariencias alternativas, de raros peinados nuevos. Una facultad donde se podía conversar de cine, música y literatura interminablemente.

Nunca olvidaré las clases de literatura con Jorge Eslava, las de historia de la comunicación con Oscar Luna Victoria, las de historia del cine con Ricardo Bedoya. Maestros todos, casados fielmente con lo que enseñaban. Al punto que me demostraron que los grandes profesores, aparte de ser docentes, son lectores voraces e investigadores apasionados. Todo lo demás, cae por su propio peso.

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También tuve la oportunidad de conocer a periodistas, la mayoría de la vieja escuela. Y fue divertido aprender con ellos sobre los nuevos formatos periodísticos y conocer de primera mano las dificultades que habían tenido que afrontar para adaptarse a la era digital. Aunque también hubo espacio para estudiar aquellos géneros periodísticos que ya no interesan a la gran mayoría, como la crónica o el reportaje de formato extenso.

Sin habérmelo imaginado, mi vida universitaria me llevó a practicar en un estudio de abogados, un canal de televisión, una APP, una agencia de medios, una agencia de relaciones públicas, una consultora… una variedad de responsabilidades dignas de lo polifacética que es mi carrera.

Hoy puedo dar fe que el esfuerzo no fue en vano, que en cada trabajo, desde el más mecánico hasta el más analítico, aprendí lecciones que no me olvidaré jamás.

El sábado cuando me dirija a recibir mi diploma de bachiller, habré cerrado una nueva etapa en vida. Sin embargo, soy de la idea de que la carrera solo termina cuando uno se jubila. Esto solo es el comienzo. Hoy he acabado la universidad y he ingresado a la vez a un mar de oportunidades que están aguardando a que las consiga, siempre que siga con ganas de salir adelante y de darle lo mejor de mis capacidades al mundo.

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Chau universidad, aún queda mucho por delante.

 

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