Churchill de visita en la oficina

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Una película puede servir no solo como entretenimiento, sino también como aprendizaje. “Las horas más oscuras” deja importantes lecciones.

Acostumbro ir al cine los martes en la noche. Y si es con la familia, mejor. Por ello, todas las semanas -unos días antes de la función- sugiero vía el WhatsApp familiar, película, hora y cine (a veces también el chifa o la pizzería a la que iremos luego). No hay pierde: pasados algunos minutos empiezan a llegar las respuestas. La última que vimos todos juntos fue “Las horas más oscuras”, con un soberbio Gary Oldman interpretando a Sir Winston Churchill. Quedamos admirados, no solo por la calidad de la actuación, diálogos y escenografías, sino -sobre todo- por el mensaje transmitido. Por la mística que ese hombre -para muchos el personaje del siglo XX-, logró transmitir entre sus compatriotas en los momentos más dramáticos que le haya tocado vivir a Gran Bretaña. No quedé contento con lo visto, sin embargo. Quería saber más de él. Afortunadamente, me acordé que mi hermano Pedro había comprado hace ya algún tiempo “La Segunda Guerra Mundial”, una compilación que reúne seis libros escritos por Churchill y que narran su experiencia personal entre 1940 y 1945. Tras leerlo me quedaron varias lecciones para la oficina. Una. Las situaciones extremas sacan lo mejor de cada quien. Hay que estar preparado. Sir Winston lo estaba. Pero no la mayoría de sus colegas, por lo que tuvo que lidiar con ellos. Tenemos pues que ser conscientes que ninguna empresa está libre de pasar por momentos complicados (pérdida de colaboradores importantes, corte en la cadena de pagos, caída de precios, entre otros) y por lo tanto tiene que estar lista. Dos. Los momentos difíciles obligan a una comunicación horizontal y permanente. Tener las ideas claras es fundamental, así como poseer la capacidad de expresarlas. Siempre con un mensaje optimista y con un énfasis que contagie. El líder debe asumir su rol de vocero y no rehuir de él. Su equipo lo necesitará en ese papel más que nunca. Tres. La convicción. Ni se aprende, ni se simula. Se siente. Y se transmite también. Si no estás convencido que estás en el camino correcto lo más probable es que fracases en el intento. Generalmente los momentos difíciles son largos y duros, y si no estás convencido de lo que estás haciendo puedes flaquear, abandonar y, por último, perder.

«LOS MOMENTOS DIFÍCILES OBLIGAN A UNA COMUNICACIÓN HORIZONTAL Y PERMANENTE. TENER LAS IDEAS CLARAS ES FUNDAMENTAL, ASÍ COMO POSEER LA CAPACIDAD DE EXPRESARLAS. SIEMPRE CON UN MENSAJE OPTIMISTA Y CON UN ÉNFASIS QUE CONTAGIE. EL LÍDER DEBE ASUMIR SU ROL DE VOCERO Y NO REHUIR DE ÉL»

Finalmente, y como dijo Sir Winston al tomar posesión como primer ministro -en su frase más célebre-, enfrentar las mayores dificultades que jamás hayas soñado requerirá “sangre, sudor, lágrimas y fatiga”. Pero sobre todo lo último: fatiga. Mucha fatiga.