¿Dónde te mudas?

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El tráfico de Lima no solo nos retrasa en nuestras citas, sino que también podría afectar nuestra conducta y arruinar nuestras reuniones de trabajo.

Por: Pablo Cateriano

Hoy me demoré veinte minutos en salir del zanjón para tomar la avenida Canaval y Moreyra, rumbo a mi oficina. A mi alrededor los demás pilotos estaban -como yo- impávidos. Algunos escuchando radio, otros hojeando el periódico y la mayoría viendo su smartphone. (Sin lugar a dudas la peor hora para llegar a alguna reunión es las 9:00 am.). Y así se me está pasando la vida. El almuerzo, sin embargo, estuvo bastante mejor. Compartí mesa con el conocido urbanista -y viejo colega en la TV- Augusto Ortiz de Zevallos y una amiga de Uber, la revolucionaria empresa global de tecnología. Como supondrán, la conversación estuvo más sabrosa que los ricos filetes que pedimos. Por eso me animé a escribir sobre lo que hablamos. Unas cifras para comenzar. En el mundo existen alrededor de dos mil millones de automóviles (y parquearlos ocupa la quinta parte del planeta); el 25% de los limeños le dedica por lo menos dos horas al día a movilizarse rumbo al trabajo (el costo anual de esa gracia se calcula en ocho mil millones de dólares al año, es decir aproximadamente el 4% del PBI); y lo más serio de todo: los autos están estacionados el 96% del tiempo. Si a eso le sumas que en Lima circulan aproximadamente 600 líneas de microbuses terminas entendiendo el caos que enfrentamos todos los días en las calles (aunque ojo, el problema no es sólo de nuestra capital). Augusto nos contó entonces que hace un tiempo fue invitado a dictar una conferencia cuyo título fue “¿Dónde te mudas?”. Es decir, la pregunta que nos hacemos todos cuando estamos a punto de no llegar a nuestra primera reunión del día porque el tráfico no ayuda. Y nos dijo también, resumidamente, que hay tres respuestas a esa interrogante: una, hay que mudarse al lugar que te obligue a movilizarte lo menos posible; dos, hay que mudarse a aquella zona que te ofrezca la mayor cantidad de servicios de manera tal que te que queden cerca; y tres, hay que mudarse a la circunscripción que se está desarrollando o creciendo con un plan que privilegie al ciudadano sobre el automóvil (se habló de San Isidro como un ejemplo innovador, y demasiado audaz también -para muchos- por lo que se está haciendo ahí por recuperar espacios públicos y privilegiar zonas para el uso de bicicletas). Uber, por su parte, está apostando por algo simple y a la vez complejo: el car pool, un modelo que empezó durante la Segunda Guerra Mundial y que se popularizó en los setentas durante la crisis del petróleo, pero que no se masificó hasta que los ingenieros de esta empresa desarrollaron una tecnología móvil que ha permitido su crecimiento. Aunque hoy apenas el 4% de la gente comparte viajes, se calcula que el 2030 será el 25%. Sin duda esa nueva propuesta está alineada con lo que está pasando con la juventud de hoy en Estados Unidos, en donde actualmente el 10% de los menores de 30 años en ese país ha renunciado al sueño del carro propio. Vista la situación, está claro que nos toca fomentar todo lo que sea un cambio respecto de lo que se ha estado haciendo en temas de transporte. Si no, vamos a estallar. El asunto se ha convertido en algo muy sensible en nuestra actividad diaria y seguramente influye en nuestro estado de ánimo rumbo al trabajo. Empecemos por seguir los consejos de Augusto y por practicar la filosofía de Uber. En una de esas las cosas mejoran y ya no renegamos tanto durante el día. Y es que llegar a tiempo y de buen humor a nuestras reuniones de trabajo es sin lugar a dudas garantía de éxito.