El auténtico liderazgo

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En los últimos años se han realizado muchos estudios para identificar los estilos, características o rasgos que deben tener los grandes líderes. No obstante, ninguno de estos estudios presenta un perfil claro de lo que debería ser un líder ideal.  Ello podría sonar preocupante, pero de cierta forma es un alivio. Tal vez, si los investigadores hubiesen generado un estereotipo ideal, los individuos estarían toda la vida tratando de imitarlo, y con ello nos volveríamos personajes, no personas.

Un líder auténtico

Es claro que nadie puede ser auténtico tratando de imitar a alguien. Se puede aprender de las experiencias de otros, pero no hay forma de ser exitoso cuando se intenta ser como ellos. Las personas confían en uno cuando uno es genuino y auténtico, no una réplica de alguien más. Los líderes auténticos demuestran una pasión por su propósito, practican sus valores consistentemente y establecen relaciones significativas de largo plazo. Saben quiénes son.  Ahora, ¿Cómo pueden las personas convertirse en líderes auténticos y mantenerse como tales?

La formación de un líder

Un artículo del Harvard Business Review entrevistó a 125 líderes para aprender cómo desarrollaron sus capacidades de liderazgo, y tras el proceso se identificó que estas personas no identificaron ninguna característica, rasgo, destreza o estilo universal que explicara su éxito. Más bien, su liderazgo emergió de sus historias de vida. De manera consciente e inconsciente, se probaron a sí mismas a través de experiencias del mundo real, y re enmarcaron sus historias para entender quiénes eran en lo esencial. Al hacerlo, descubrieron el propósito de su liderazgo y aprendieron que ser auténticas las hacía más eficaces.

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¿Qué quiere decir esto?

Pues que un líder se forma principalmente por las experiencias que ha atravesado y la forma cómo pudieron salir adelante, incluso en episodios o momento adversos. No hace falta nacer con las características o rasgos específicos de un líder, tampoco hace falta encontrarse en la cima de la organización. Por el contrario, todos tenemos la chispa del liderazgo dentro de nosotros, ya sea en los negocios, en el gobierno o como voluntarios en una organización sin fines de lucro. El desafío es entendernos a nosotros mismos lo suficientemente bien para descubrir dónde podemos emplear nuestras dotes de liderazgo para servir a otros y ser lo más eficientes posibles.

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