El boom del emprendimiento social y la comunicación en el Perú

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Perú es la cuna de grandes emprendedores, tanto comerciales como sociales. De acuerdo a un estudio realizado por el diario Gestión, uno de cada cuatro peruanos realiza algún tipo de emprendimiento. Pero, ¿qué es emprender? 

Emprender, de acuerdo con la Real Academia Española, significa “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. Generalmente asociamos emprender al inicio de un negocio; tenemos la idea del empresario como alguien que gana mucho dinero y que “tiene una empresa”; sin embargo, un emprendimiento parte desde la atención de una necesidad de un público específico a través de un producto o servicio.

Emprendimiento en el Perú

Las primeras nociones de emprendimiento en el Perú surgieron a mediados de los años 90, debido a la falta de oportunidades de empleo. Miles de personas optaron por buscar un empleo propio y crear su propia empresa en los sectores de Comercio y Servicios. Los emprendedores lograron divisar una oportunidad ante la necesidad y empezaron desde cero. Sin conocer si su idea de negocio poseería o no el potencial de mercado para generar ingresos a mediano y largo plazo. Y es que 30 años más tarde, es posible divisar la gran proliferación de emprendimientos a nivel nacional, debido al alto nivel de iniciativa emprendedora y a las grandes cantidades de necesidades y nichos aún desatendidos.

No obstante, durante los últimos años, un tipo de emprendimiento, posee una mayor visibilidad y nivel de incidencia a nivel nacional: los emprendimientos sociales, los cuales, al igual que sus pares comerciales, son organizaciones con fines de lucro o sin ellos, que buscan, desde la innovación, encontrar soluciones ante mercados desatendidos. Esto se realiza mientras brindan una solución al origen de un problema de corte social o ambiental, mediante la generación de un importante retorno y valor social para una comunidad.

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Emprendimientos sociales en el Perú

Algunos de los emprendimientos sociales más conocidos en el Perú son Pietà, marca de ropa confeccionada por presos peruanos, cuyas prendas han sido adquiridas por famosos cantantes como  Pharrell Williams y Maluma; Höseg, marca de ropa outdoor, cuyo modelo de negocio permite abrigar a un niño y plantar un árbol en el Cusco con la compra de un ejemplar; Empanacombi, empresa social culinaria que promueve la inclusión laboral de cocineros con discapacidad; Matchcota, plataforma virtual que centraliza las oportunidades de adopción, brindando además asesoría integral a los adoptantes; entre otros.

De tal manera, es posible afirmar que los emprendedores sociales diseñan productos o servicios que cautivan a los consumidores al percibir el compromiso de su proyecto, con la finalidad de lograr una sociedad más equitativa y un mundo más sustentable. Además, su alta proliferación en los mercados se debe al creciente interés, especialmente de los adolescentes y jóvenes, por articular el fin social y los modelos de negocio sostenible en organizaciones y consumir de forma más consciente y respetuosa. Cada vez, la lógica de articular el fin social y la autosostenibilidad de la organización, se hace más aceptada y reconocida.

El reinvento de los emprendimientos sociales

Pero, ¿qué sucede hoy en día con los emprendimientos sociales en el Perú? Debido a la coyuntura, todas las economías a nivel mundial se han visto golpeadas tras los desafíos presentados por la pandemia. Negocios en todo el mundo han tenido que reinventarse para subsistir y los emprendimientos sociales con incidencia en Perú no han sido la excepción. En ese sentido, los diversos líderes de emprendimientos sociales se enfrentan a un reto mayor, ya que han tenido que cambiar su modelo de negocio para convivir en una nueva realidad y buscar la ansiada rentabilidad.

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Es por ello que, con la finalidad de obtener una mayor cantidad de ingresos, los emprendedores sociales emplean elementos de la comunicación, tales como el storytelling, herramienta utilizada para adoptar la personalidad adecuada y establecer el tono y tipo de comunicación apropiados a través del uso del sentimentalismo y de las técnicas literarias; y la gestión de la imagen, percepción obtenida por los distintos públicos de interés frente a aquello que la empresa ha comunicado a través de diversos canales (redes sociales, apariciones en prensa, spots radiales, entre otros). 

Comunicación corporativa

De tal manera, la comunicación corporativa es una estrategia generadora de confianza en los emprendimientos, debido a su capacidad de influencia en los individuos y a la capacidad de generar y mantener la confianza, así como de perderla. No obstante, en el caso de organizaciones pequeñas, la comunicación suele ser reactiva, puesto a que responde exclusivamente a necesidades inmediatas, no debiendo ser así, ya que debería ser gestionada en el momento de constituir un emprendimiento, para, de esta manera, encaminar adecuadamente todas aquellas acciones comunicativas que se van a llevar a cabo, con la finalidad de evitar recrear conceptos o información exclusivamente al enfrentar eventualidades que afecten negativamente al emprendimiento.

Una gestión eficaz de la comunicación puede generar y mejorar la confianza, por ello la comunicación debe ser proactiva y no sólo reactiva. Esto, a su vez, permitirá proyectar una imagen confiable, a través de difusión, por medios de comunicación y redes sociales, de sus actividades de forma objetiva y despojada, erradicando subjetividades e individualidades y dando a conocer el objetivo social común.

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