El Mejor día para trabajar

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¿Cómo aprovechar mejor el domingo, supuestamente el día de descanso por antonomasia, para empezar mejor la semana? Aquí unas ideas.

Por Pablo Cateriano

El mejor día para trabajar no es el lunes. Tampoco el viernes. Es el domingo. Por lo menos para mí. Pero no sólo es el mejor día para trabajar, es el mejor día de la semana. Ese día, acostumbro hacer -inexorablemente- cinco cosas que además de tenerme entretenido me ayudan a enfrentar mejor la semana.

  1. Monto bicicleta por hora y media.

Y ahí sólo pienso. Pienso en lo que hicimos bien en la oficina, en lo que metimos la pata, en ideas para el futuro, en temas pendientes, en cómo mejorar la relación con amigos y colaboradores, entre otros. Así es que no sólo termino feliz (el paseo es por el rincón más lindo de Lima: el malecón que une San Isidro, Miraflores y Barranco frente al mar), sino con una serie de iniciativas que pondré en consideración del equipo ejecutivo en nuestra reunión de los martes.

2) Leo con especial atención todos los diarios del día.

Aunque durante la semana también lo hago, ese día es particular porque no sólo hay más calma sino más variedad de opiniones. Y algunas revistas para las que no me alcanzó el tiempo. Terminada la lectura tengo un panorama más claro sobre cuáles deberían ser mis prioridades para los próximos días. Además, identifico días y eventos imperdibles. 3) Voy al mercado a comprar el menú dominical. Oportunidad perfecta para ver cómo se mueven los precios, qué novedades hay, y cómo están exhibidos los productos de las diferentes marcas que luchan por una mayor visibilidad (trabajo con varias empresas de consumo masivo). También, ocasión para conversar con quienes trabajan ahí e ir pulseando su estado de ánimo, que es el de la mayoría del país.

3) Voy al mercado a comprar el menú dominical.

Oportunidad perfecta para ver cómo se mueven los precios, qué novedades hay, y cómo están exhibidos los productos de las diferentes marcas que luchan por una mayor visibilidad (trabajo con varias empresas de consumo masivo). También, ocasión para conversar con quienes trabajan ahí e ir pulseando su estado de ánimo, que es el de la mayoría del país.

4) Almuerzo con toda la familia.

Lo más importante del domingo. Además de compartir y reír (¡imprescindible!) lo mejor de todo es que puedo escuchar en qué andan los chicos entre veinte y treinta años (la edad de mis cuatro hijos), cuáles son sus intereses y prioridades, organizar actividades juntos (ahora que tienen tantas ofertas de amigos y facilidades variadas para salir por su cuenta). Sin duda, la mejor carga de batería que existe.

 

“MONTO BICICLETA Y PIENSO EN LO QUE HICIMOS BIEN, EN IDEAS PARA EL FUTURO, EN TEMAS PENDIENTES Y TERMINO FELIZ CON UNA SERIE DE INICIATIVAS”.

5) Me acuesto lo más temprano que pueda.

Los días siempre acaban mejor si terminas -además de contento- agotado. En mi época escolar, sin embargo, ocurría todo lo contrario: el domingo era mi peor día. Estoy seguro que sufría del “síndrome del domingo por la tarde” (término acuñado recién hace poco más de diez años), que se activa durante las horas de ocio de ese día, generando ansiedad, preocupación, angustia, sensación de vacío. La razón principal por la que se presenta tiene que ver con el desempeño que uno tiene durante la semana (en el colegio u oficina). Por eso, es bueno tener una rutina y organizar actividades que te gusten y ocupen todo el día. Así es que los invito a sumarse a mi club del domingo. ¡Es buenazo!