El mercado me conoce

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Es curioso conocer lo que la ciencia dice sobre nosotros mismos. La observación del comportamiento humano y el estudio científico develan teorías capaces de derrumbar mitos y aseveraciones con respecto a la conducta humana.  Para muestra un botón, ¿cuántas veces nos ha sorprendido nuestra propia forma de actuar en determinadas ocasiones? Siendo más específicos y yendo más a punto con la temática del presente artículo, ¿cuántas veces hemos salido de una tienda sorprendidos por la compra que acabamos de realizar?

En este corto espacio no voy a hablar sobre las teorías desarrolladas a partir de esa incógnita, sino generar la intriga suficiente para que el lector busque satisfacer su propia curiosidad en los miles de libros y artículos que discuten ese fenómeno. En el campo académico y científico a la disciplina que busca descifrar ese comportamiento se le conocer como Neuromarketing.

Para iniciar el desarrollo del concepto, tenemos que tener algo muy en claro: el hombre actúa más por impulsos emocionales que por decisiones racionales. Parece mentira, porque incluso podemos llegar a explicar el porqué de nuestro comportamiento, pero es una justificación que construimos racionalmente a partir de lo que podemos interpretar de nuestras propias acciones.

Según diversos autores especializados, la proporción de las decisiones de compra que realizamos de manera inconsciente oscilan en el 80% y 95% del total. Por eso, el Neuromarketing se ha vuelto una herramienta altamente relevante para las principales empresas de consumo y es que esta les permite tener un alcance sobre el proceso de toma de decisiones de los consumidores y posibles consumidores antes, durante y después del proceso de compra.

Para encontrar respuestas, el Neuromárketing utiliza herramientas de análisis como: tomografías, monitoreo ocular, sudoración, ritmo cardiaco, resonancia magnética, entre otras. Gracias a ellas, se traducen procesos mentales para llevar a cabo el desarrollo de nuevos productos, se estudia la receptividad de estímulos para que un supermercado pueda optimizar la organización de sus góndolas. Incluso, estos estudios les sirven a diversas marcas para identificar cómo desarrollar piezas publicitarias y dónde colocarlas. 

Voy a exponer algunos ejemplos de cómo se aplica el Neuromarketing, ¿alguna vez han pasado por la calle fuera de algún restaurante y se han dejado seducir por el olor que emana del lugar? La mayoría de esos negocios compran de manera industrial esos aromas de manera que el hambriento peatón se siente atraído a ingresar al establecimiento.  Por otro lado, Los locales de comida rápida, de igual manera, aplican en su atmósfera estímulos que pueden llegar a saturarnos: colores fuertes, música alta, asientos poco cómodos, porque buscan que el consumidor se retire luego de terminar de comer. Por el contrario, los establecimientos más caros, crean el ambiente para que hagamos sobremesa, tal vez pedir un postre, un plato adicional u otra botella de vino.

Suena futurista, pero la verdad es que el Neuromarketing ha permitido el desarrollo de productos que se incubaron en nuestra propia consciencia, la cual determinaba lo que verdaderamente necesitábamos sin saber realmente qué es. Muchos de sus detractores aducen que es una invasión a la privacidad del ser humano y hasta que permite llevar a cabo conspiraciones para llenar las arcas de grandes compañías. Esta servidora se inclina por el primer argumento y es que considero que es una herramienta que permite la conversación óptima entre consumidor y empresa para ir atendiendo mejor cada vez nuestras necesidades.

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