El poder de la palabra

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“El lenguaje no sólo describe la realidad, sino que además es capaz de crearla. Nuestra forma de hablarnos a nosotros mismos afecta tremendamente a nuestra manera de relacionarnos con el mundo.”

Comienzo con esta frase del Dr. Mario Alonso Puig, médico que ha dedicado gran parte de su vida a investigar cómo desplegar el potencial humano, pues si algo he aprendido en los últimos años, es que la palabra tiene un poder más allá de lo que podemos imaginar.

Así por ejemplo sabemos que en todo tipo de interrelaciones la elección adecuada de palabras puede ser fructífero en el momento de lograr algún acuerdo, cerrar tratos, convencer a alguien, entre otros. Del mismo modo, si ya tenemos en cuenta la capacidad que tiene la palabra para obtener logros durante nuestro día a día, ¿por qué no pensar en que podría ser capaz de ayudarnos a obtener logros a largo plazo? Imagínense tan solo decir algo que soñamos y que después de un tiempo, se haga realidad.

Tenemos de este modo lo que se conoce como ‘decretos’. Daniel Colombo, master coach especializado en CEOs y alta gerencia, los define como “estados internos destinados a reprogramar estados de la mente, con el fin de salir de los patrones habituales, cambiarlos, transformarlos en algo más acorde con lo que quieres conseguir en la realidad de la vida”. Es decir, es una forma de ayudar a modificar nuestro pensamiento diario mediante actos y palabras que ayuden a acercarnos a los objetivos que deseemos.

Muchas veces hemos visto a personas que en muchas ocasiones han bromeado o han dicho tantas veces “yo voy a tener un Volkswagen”, “voy a viajar a Roma”, “tendré mi propio local de comida rápida”, y que en el momento podríamos ver dichas frases como algo lejano o hasta utópico. Sin embargo, con el pasar de los años, vemos que en realidad sí lograron cumplir con dichas frases. Con dichos decretos.

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De primera mano con mucho gusto puedo dar fe de dos personas que ejemplifican perfectamente esto. Hace poco tuve un viaje con mi esposa, mi madre y mi suegra a diferentes partes del mundo (Europa y la península arábiga para ser precisos), donde fui testigo del cumplimiento de dos sueños.

El sueño de Dubai

Mi esposa, desde que comenzamos nuestras primeras citas, me comentaba que uno de sus mayores sueños era conocer Dubai. Qué esperaba algún día hacerlo. Sin embargo esa frase de “Espero algún día”, fue cambiando con el pasar del tiempo. “Sé que puedo ir”, “voy a ir”, “vamos a ir”, fueron decretos que cada vez se insertaban en su mente luego de ir tomando mentorías y asesoramiento virtual (mediante Youtube, podcasts, etc) con diferentes personas de éxito que comparten parte de sus secretos al mundo. En verdad, escucharlos te ayuda a entender muchas de tus creencias limitantes y te ayuda a ver el mundo desde otra perspectiva.

Fue así, que después de tanto trabajo por parte de ella, logró cumplir su sueño. Llegamos a Dubai, una ciudad increíble y que parece sacada de un cuento de hadas y ciencia ficción. Y no solo eso. Ella también cambió su idea de tomarse una foto fuera del Burj al Arab (el único hotel 7 estrellas del mundo) a tomarse una foto dentro del mismo. “Yo no quiero ser la que se toma fotos de afuera. Quiero ser la que se toma la foto desde adentro. Viendo cómo el resto se toma desde afuera”, era una frase que se repitió mucho durante los últimos dos años. Y al fin y al cabo lo cumplió. Y cuento esto con mucho orgullo, definitivamente.

Hotel Burj al Arab

El sueño de Paris

El segundo ejemplo es el de mi madre. Ella, desde que tengo uso de razón, siempre comentaba que su sueño era conocer Paris. Bromeaba diciendo “cuando vaya a Paris”, “algún día iré a Paris”, “ya pronto estaré en Paris”, siempre acompañada de una pequeña risa que podría disimular algo de fantasía dentro de sus expresiones. Sin embargo, sus decretos estaban preparándola para lo que le llegaría tras varios años de atraer su deseo. El sábado 6 de agosto del 2022, por fin pudo lograrlo. Aun recuerdo su expresión emocionada cuando estábamos caminando y ella decía “No puede ser, ¿en verdad estoy caminando por Paris?”. Y ni hablar cuando vimos la imponente torre Eiffel, símbolo que había alcanzado su sueño y motivo por el cual nos abrazó en lágrimas. Tras tanto atraerlo, por fin lo tenía a metros.

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Ciudad de Paris

Y es que hay algo cierto dentro de todo además. Hace poco escuché a una compañera de trabajo decir una frase muy buena: “Tu cerebro no sabe cuando estás hablando algo en broma o no. Todo lo que te digas, lo terminará por hacer realidad”. Con esa premisa, si te automotivas constantemente, te sentirás mucho mejor durante el día que si te repites una y otra vez que estás estresado o que todo te va mal.

Les invito a hacer la prueba. Una semanita al menos. Espero en sus comentarios en el post si vieron algún cambio y podemos conversar al respecto cuando deseen. Si llegaron hasta aquí, en verdad muchas gracias. Escribí cada línea con mucho cariño, nostalgia, pero sobretodo agradecimiento. Gracias a Métrica por darnos este espacio donde explayarnos.

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