El sueño del negocio propio

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Artículo publicado en Aptitus, El Comercio

Las claves para lograr la meta de crear tu propia empresa están en tu capacidad de resistencia, un buen equipo y soñar en grande.

No termino de sorprenderme del ingenio de la gente para crear negocios. Acabo de enterarme por EL PAÍS de España, por ejemplo, que un joven de apenas 33 años leyó hace un año un mensaje en el WhatsApp familiar que decía: “Jefa, ¿me puedes llevar los trajes al tinte? Yo no salgo en horario comercial”, para que de inmediato vea la oportunidad de crear una aplicación de servicio del hogar que se ocupe de los pendientes que el común de los empleados no puede atender en horas de oficina. Así, por menos de 100 euros al mes, muchos tienen ahora en Madrid quien se encargue de compras, pagos, transportes o limpieza. Y por la mitad de precio tienes derecho a dos encargos a la semana. Es la nueva sensación de la ciudad.

Ayer, gracias a GESTIÓN, me enteré de que a un exfutbolista del Atlético de Madrid se le ocurrió hace ya más de 10 años inventar el Club del Deportista, una empresa dedicada a ocuparse de la vida de los futbolistas de élite, más allá de los campeonatos. ¿El resultado? Les organiza vacaciones, les compra obras de arte y hasta residencias al “Cholo” Simeone, Dani Alves, Xabi Alonso, entre otros. A ellos no les cobra nada; todo es a los proveedores. Hoy, Bloomberg nos cuenta que en Nueva York un desempleado creó una empresa que se encarga de hacer colas por otros. Así como lo lee. Todo empezó en el 2012 cuando el fundador cobró 100 dólares por su sitio en la cola que se hacía para adquirir el primer iPhone. Hoy tiene un equipo de apoyo y cobra 25 dólares por hora y 10 por media hora adicional (y si hay mal clima suma cinco más).

Y, ya hace más de un año, leí que dos chicas peruanas habían creado una compañía de alquiler de ropa y carteras de lujo en Lima. Muchos vieron como algo avezada la iniciativa, pero al poco tiempo nos estaban sorprendiendo con que ya habían ampliado su servicio a Cusco y Arequipa. Obviamente, no es el único caso en nuestro país. Conozco uno de cerca: mi hermano menor supo de dos chicos que habían creado una plataforma de pagos online enfocada en simplificar y automatizar la cobranza de negocios digitales (que nos evite cargar efectivo y hasta tarjetas de crédito, pagando desde el celular). Unos capos. Ahora es socio de ellos.

Podría seguir, pues todos los días leo cómo tantas ideas se convierten en realidades, en tantos y disímiles lugares del mundo. Encuentro solo dos factores para explicar esto: una mezcla de olfato, visión, conocimiento y sensibilidad; y una gran dosis de riesgo, ambición, apremio y ganas.

Pero sin duda es la idea (o el sueño) lo más importante de todo negocio propio. Pero esta idea no funcionará si es que no se alinea con las fortalezas y las ventajas comparativas de quien las ejecutará. Así, el dueño de una futura cadena de restaurantes lo más probable es que sea desde siempre un gran cocinero o un conocedor del gusto de la gente. El plan, que contemple costos, inversionistas o socios, y sobre todo abogados, es también fundamental. Sin embargo, como nada se puede solo, hay que conformar un equipo que se distinga, cohesionado, y que gracias a su talento ofrezca más allá de lo acostumbrado. Finalmente: mucho trabajo.

La clave, empero, creo que está en las agallas que hay que tener para dejar la comodidad de un buen empleo y jugarse el todo por el todo. O también, en la necesidad, como fue mi caso.