La deepfake y las relaciones públicas

Por Álvaro Barclay | Supervisor de cuentas | abarclay@metrica.pe

Parece ciencia ficción, pero es real. Los deepfake o videos falsos en donde se suplanta la identidad de las personas a través de la inteligencia artificial, se encuentran cada vez más cerca de nosotros.

Se usan para el humor, recreando a las estrellas de Hollywood en situaciones improbables. También para informar, generando videos falsos de periodistas (con un consentimiento previo, a diferencia de muchas estrellas de cine) para comunicar las principales noticias del día. Y –supone bien– también para delinquir, para extorsionar, para dañar reputaciones a través de las redes sociales.

Todavía no hace falta asustarse. La mayoría de deepfakes que se generan hoy en día pueden ser reconocidos como tales si se presta un poquito de atención. Sin embargo, la tecnología avanza tan rápido que en unos años podrían sofisticarse al punto de ser casi imposibles de poder diferenciarse de la persona real, convirtiéndose en un riesgo reputacional importante.

El problema actualmente se encuentra en la “deep web”, un internet paralelo, en donde la información que transita por sus canales no puede ser rastreada. Es a través de esta peligrosa plataforma que circulan herramientas de inteligencia artificial, similares al ya conocido Chat GPT, que no cuentan con los filtros éticos de este y que se prestan para ser utilizadas maliciosamente.

Por ejemplo, el Chat GPT, que se alimenta constantemente de data histórica de la red, está impedido de poder crear virus o programas maliciosos, suplantar identidades a través de un deepfake, entre otros. Sin embargo, sus “hermanos gemelos” de la “deep web” lo pueden hacer sin restricciones. El único requisito es saber llegar a ellos.

En respuesta a estos riesgos, ya se vienen trabajando en antivirus para detectar deepfakes. Su trabajo se limita a detectar, por ejemplo, una falta de coordinación entre el comportamiento humano y la fonética del personaje, evaluar las sombras y el reflejo de la imagen, así como el contexto en el que se presenta el video. Incluso, hay una universidad en Estados Unidos que viene desarrollando una tecnología para revisar si los rostros que se presentan en un video cuentan con vasos sanguíneos.

En fin, el eterno debate entre desarrollo tecnológico y desarrollo humano. Más allá de eso, en lo que refiere al ámbito de las relaciones públicas, cada crisis que se pueda generar en el futuro a través de un deepfake implicará una estrategia a la medida.

No obstante, si pudiera aventurarme desde ya a establecer un consejo, este sería tomar medidas de prevención para disminuir los riesgos de sufrir una suplantación de identidad de este tipo a futuro. Las herramientas que tenemos a nuestro alcance son varias. Desde utilizar la función de “doble autentificación” de WhatsApp para evitar que un delincuente pueda acceder a los mensajes de voz y fotos que tenemos almacenados en la app hasta en resguardar nuestra fotos y videos en las redes sociales a través del modo “privado”. Desde no contestar llamadas spam o de números de origen dudoso hasta evitar -en la medida de lo posible- conectarnos a redes de Internet públicas en donde se podrían vulnerar nuestros sistemas.

Lo sé, se trata de una tarea difícil en estos tiempos digitales. No obstante, el cuidado de la reputación es algo que se construye día a día y prevenir una situación de crisis cuidando adecuadamente nuestra información personal es el primer paso.

Alvaro Barclay

Álvaro Barclay | Supervisor de cuentas | abarclay@metrica.pe

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