La radio musical en los tiempos del streaming

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Durante más de cincuenta años la radio ha tenido un papel preponderante en la difusión de la música. Hoy, en la era del streaming, las nuevas tecnologías le exigen una renovación en sus contenidos para que no pierda vigencia.

El nuevo estéreo para el carro cuenta con una función para bluetooth, conector MP3, puerto USB y radio. El millenial lo observa a través del mostrador. Finalmente lo compra. Cuando se acercó a la tienda minutos antes, buscaba un equipo de música para su auto. Sin embargo, lo único que en realidad necesitaba era la función de bluetooth. No imagina otra forma para escuchar música. No se percató de que el estéreo ya no contaba con una ranura para ingresar los CD’s. No. La única importancia del caso la tenía el bluetooth. Paradojas del destino, el aparato que ahora lleva entre sus manos aún se sigue llamando autoradio, a pesar de que el muchacho no sabe qué significan esas últimas cinco letras. Para el millenial la radio ya no existe y el universo musical se transmite a través de ondas desde su celular, en su bolsillo, bajo su control. Atrás quedaron los discos e inclusive las descargas por Internet. Hoy la música se encuentra en una nube y el nuevo rey de los dispositivos se llama Spotify.

DEL RADIOTEATRO A LA NUBE

“Actrices y actores declinantes, hambrientos, desastrados, cuyas voces juveniles, acariciadoras, cristalinas, diferían terriblemente de sus caras viejas, sus bocas amargas y sus ojos cansados”. Así describía Vargas Llosa, en La tía Julia y el Escribidor, a los actores de radioteatro, famosos entre las amas de casa y jubilados de Lima desde la década de los treinta hasta los años setenta por la sonoridad de sus voces más que por la belleza de su físico. Pocos años más tarde, llegó la televisión, el teatro radial se volvió imagen y los roles se invirtieron. Si la TV se convirtió en un lugar donde caían los rostros bonitos de la época, la radio se siguió manteniendo como un espacio donde la estética giraba en torno a las melodiosas voces y al buen uso del lenguaje. Hoy la cosa cambió: la radio se está volviendo imagen y sonido. En el ámbito nacional, Exitosa, Capital y RPP son los ejemplos más claros. Hoy podemos escuchar la FM y luego prender la televisión y ver a los conductores dialogando en vivo. ¿Quizá esa podría ser la radio del futuro?

Spotify se encuentra en el mercado nacional desde las navidades del 2013. Pero si en dicho tiempo contaba con 6 millones de usuarios Premium, hoy tiene más de 75 millones y cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York desde principios de abril.
(AP Photo/Richard Drew)

Con la intromisión de las plataformas de streaming donde el usuario tiene el control sobre lo que escucha, la radio ha tenido que escudarse en el valor que siempre la ha diferenciado: el calor humano. Entonces, si bien es posible que los consumidores de productos sonoros en el mediano plazo están cambiando a causa de las nuevas opciones que tienen para escuchar música, el en vivo y la emoción de que alguien les esté hablando y regalando música es de la radio y esa emoción todavía no la está cumpliendo Spotify o Youtube.

Sin embargo, Spotify no da tregua y viene adaptando desde hace algún tiempo una colección de podcasts o contenidos de audio elaborados únicamente para la red en donde se habla sobre distintos tópicos. Entonces, la aplicación de streaming suma a la variedad prácticamente ilimitada de artistas que pone al alcance del usuario una serie de programas de conversación diferidos. ¿Cómo la radio podrá competir con esto? El tiempo lo dirá.

RADIO COMERCIAL

La falta de innovación que la radio musical ha tenido en el último tiempo pone en tela de juicio un cambio de formato que le haga frente a las facilidades que brinda el streaming. Preocupa, por ejemplo, que la variedad musical que ofrecen las diversas estaciones se haya reducido con el pasar de los años, propiciando la migración de oyentes a escuchar música en plataformas virtuales.

Si en la década de los setentas y ochentas los locutores encargaban discos a los tripulantes de cabina de las aerolíneas para poder difundir las novedades musicales del extranjero en la radio local, hoy nos encontramos frente a un mismo grupo de canciones extranjeras que se repiten constantemente a lo largo de su programación.

Esta estrategia la aplican las radios porque funcionan en base a un concepto comercial. El fundamento de la repetición de canciones radica en que el cerebro del oyente tiene un sistema límbico (nuestro cerebro más primitivo; responsable del deseo sexual, el hambre, entre otras conductas instintivas del humano), donde uno de sus estímulos inconscientes es la delimitación de territorio. Por lo cual, para que la gente sienta familiaridad cuando sintoniza una estación, se le debe programar las canciones a las que está acostumbrado. De lo contrario, el sistema límbico se altera y la va cambiar automáticamente.

Además, las estaciones hoy en día, con la finalidad de acertar programando las canciones preferidas por sus oyentes y mantener a la mayor audiencia en todo momento, utilizan un detector que les permite saber cuántos oyentes suben el volumen cuando ponen una canción.

Spotify podría estrenar pronto un reproductor de música para automóviles que se controlará mediante comandos de voz.

Los músicos que más han protestado frente a la falta de presencia en la radio han sido los roqueros. El último esfuerzo plausible en el escenario mediático frente a esta problemática ocurrió en junio del 2013, medio año antes que Spotify llegara al mercado nacional. Un grupo de músicos y productores nacionales se presentaron ante el Parlamento para promover un proyecto de ley que buscaba una difusión no menor al 35% de la música nacional en la radio (en Chile, por ejemplo, las radios están obligadas a pasar un 20% de música chilena en su programación). El proyecto llegó hasta la comisión de Cultura. Sin embargo, no logró concretarse.

Lamentablemente fracasó porque surgió en un momento en que Ollanta Humala, el presidente en ese entonces, promovía una ley que prohibía la publicidad de comida chatarra. Entonces, bajo el argumento de “¿ahora me van a decir qué tengo que escuchar y qué tengo que comer?”, prevaleció la libertad de mercado sobre ambas propuestas.

SPOTIFY MATÓ A LA PIRATERÍA

Ante la falta de apoyo de los medios, Spotify resulta una gran ventana para la difusión de intérpretes que están imposibilitados de sonar en la radio. Sin embargo, mucho contenido puede resultar perjudicial para el usuario. Una biblioteca de artistas prácticamente infinita puede generar que el usuario no le dé a la música la importancia que tiene.

No en vano, aún siguen existiendo defensores del formato físico. Para este grupo como los coleccionistas de vinilo, por ejemplo, lo tangencial es lo romántico. En cambio, lo otro, las listas de reproducción en Spotify, están en las ondas, no son una verdadera colección musical.

Sin embargo, no tapemos el sol con un dedo, la piratería desde los años noventa hasta poco antes de la llegada del streaming fue el cáncer de productores fonográficos, disqueras, distribuidores y artistas. Con la llegada de Spotify las aguas se calmaron.

Además de la caída de la piratería musical, los artistas también se han beneficiado porque ahora la plata les llega directamente. A diferencia de antes, donde le tenían que pagar comisiones a APDAYC o a la discográfica por la difusión y reproducción de su música.

SPOTIFY KILLED THE RADIO STAR?

Aún queda un largo camino para que la radio se declare obsoleta en el Perú. Un reciente estudio de la compañía de investigación de mercados GFK indica que sigue siendo el soporte principal de los peruanos a través del cual se escucha música (84%).

A los usuarios ya no les interesa poseer la música. Ya sea en la memoria del celular o en un estante para discos, les ocupa espacio. Hoy sus colecciones de canciones están en una nube llamada streaming.

A pesar de la aparición de nuevas tecnologías y a pesar de los tiempos en los que vivimos de enorme tráfico de información, la radio sigue siendo importante porque en muchos lugares es el único medio de comunicación. Recordemos que la frecuencia radial va mucho más allá de lo que se encuentra Internet. Es el único contacto con el mundo para mucha gente.

Además, no es la primera vez que la radio se enfrenta a un fenómeno de esta naturaleza a nivel masivo. Antes del Spotify fueron los videoclips con MTV en los ochentas. Hoy es el streaming. Mañana probablemente será otra plataforma la que se coma al Spotify y así seguirá avanzando la cadena alimenticia. La pregunta que habría que hacerse es si la radio seguirá viva para ese entonces. ¿Un regreso a las raíces sería algo muy jalado de los pelos? ¿un mayor protagonismo de los conductores en los programas musicales podría reivindicar su valor diferencial y así permitirle competir con las plataformas de streaming? Los empresarios tendrán la respuesta.