“Lo que Almu nos cuenta”

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Conocí a Almudena cuando ella tenía solo 3 años, en el 2015. Desde la primera vez que la vi, me di cuenta que era una niña muy especial: curiosa por todo lo que sucedía a su alrededor, enérgica, empática y con intereses muy adelantados a su edad, como la lectura y las artes. Siempre le gustaron los juegos y actividades comunes en niños y niñas de su edad, pero disfrutaba también de ir a museos, ver shows de Ballet y espectáculos de música.

Hija de amigos muy cercanos y queridos, a Almu siempre la incentivaron a conocer más el mundo y a preocuparse por su alrededor. Tanto así que, ya más grande, fue nuestra compañera en manifestaciones pacíficas como “Ni Una Menos” y la “Marcha del Orgullo”.

Jugando, Almu se divertía pretendiendo ser conductora de televisión o presentadora en un canal de Youtube, incluso muchas veces fui su co-anfitrión; hasta que en junio de este año –con ayuda y supervisión de su mamá– lanzó su canal de Instagram: @almu_te_cuenta, en el que reflexiona sobre el mundo a través de su inocencia y los libros que lee, abordando temas que podrían ser considerados “de adultos”, como inclusión, sexualidad, salud mental e incluso el COVID-19, demostrando así que los niños no son ajenos a lo que sucede en el mundo y tienen derecho a estar informados.

Lo que empezó como un experimento sin mayores aspiraciones que el ser un espacio de expresión (y una distracción en cuarentena) tomó vida propia, llegando ya a tener casi 12 mil seguidores en su cuenta y llamando la atención de distintos proyectos y marcas que la han llamado para contar con ella como embajadora (Almu solo acepta si se tratan de iniciativas de corte social). De estas, su favorita es “1000 niños lectores”, organización que promueve el derecho a leer de todos los niños y niñas del Perú a través de la construcción de bibliotecas modernas y multifuncionales.

El éxito de su canal despertó el interés de canales de Televisión y diarios, que la buscaron para hacerle entrevistas (¡uno incluso le dio una página completa!).

Yo, con mucha emoción, no dejo de impresionarme y sentirme orgulloso de mi ahijada, quien le roba el corazón a todo quien la conoce (personalmente o de manera virtual). Por mi lado, trataré de seguir enseñándole un poquito más sobre el mundo y de aprender las tantas lecciones que está enseñando.