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¿Cómo tomar una decisión cuando todos los resultados son malos?

La vida está llena de decisiones. Aunque no nos demos cuenta, todo el tiempo estamos eligiendo un camino entre miles de otros. Hace aproximadamente un año, ser fanática de un grupo musical me llevó a leer un cuento llamado Los que se alejan de Omelas, escrito por Ursula K. Le Guin. Definitivamente puedo decir que es de esos cuentos que te cambian la vida, y es algo que mi mente dejó atrás, como si tomara uno de los 3 caminos que me ofreció el cuento.

 

Los caminos que te ofrece el cuento

O la vida, según tu perspectiva. Me niego a pensar que solo existen tres; sin embargo, mientras más situaciones creo que mi cabeza, siempre termino clasificándolas entre alguno de estos tres caminos.

 

Todos los habitantes de Omelas, aunque no son personas simples, son felices, sobretodo los niños. No se necesita un rey y probablemente no existan reglas, porque nadie atentaría contra la felicidad de quienes habitan el lugar. Si te gusta bailar, cantar o andar desnudo,  todo está bien, no hay restricciones en Omelas, pero este pilar de felicidad está solidificado en la desgracia de un niño. Este pequeño humano está encerrado en un cuartucho, en el sótano de algún edificio de la ciudad, quiere escapar y volver a sentir la luz del sol, volver a escuchar la voz de su madre, pero es ignorado. Todos los adultos han visto al niño, es presentado a todos los habitantes a partir de sus 8 o 10 años y causa tanta repulsión como ganas de sacar al niño y cuidar de él.

 

 

  • Salva al niño.

 

Si es un niño o una niña, no lo sabemos. Salvar al pequeño humano implica destruir la felicidad de Omelas, por ello, probablemente nadie lo hará. Se crea un versus entre la posible felicidad del niño y la del resto de los habitantes. Queda en cada uno considerar la opción de salvarlo, a pesar de no saber si el niño, ahora completamente incivil, podrá responder bien al trato humano.

 

 

  • Salva la felicidad de los demás.

 

A pesar de que todos cumplen la regla de no dirigir ninguna palabra al niño, no pueden evitar las lágrimas y rabia que se acumula dentro de ellos al verlo. Sin embargo, también son plenamente conscientes de que a penas sea liberado, la felicidad y belleza de Omelas se desplomará. Salvar la felicidad de los demás habitantes significa tener que convencerse de que no vale la pena salvarlo, porque ya es un caso perdido.

 

 

  • Alejate de Omelas.

 

Cuando saben que no podrán enfrentar a su conciencia por no salvarlo, o cuando pasaron muchos años resistiendo y ya no pueden más, alejarse de Omelas parece la mejor opción. Hay que cruzar las bellas puertas de Omelas y caminar hacia un lugar desconocido e indescriptible, a pesar de que la seguridad con la que se alejan da la sensación de que conocen hacia dónde van.

 

Aunque puede ser difícil elegir entre cualquiera de las tres alternativas anteriores, hay una más. Esta última es la menos recomendable.

 

 

  • Sé el niño.

 

El niño no pidió estar ahí, pero de alguna manera las circunstancias lo dejaron en esa posición. Querer salir y pedir ayuda no es suficiente, ser el niño implica llevar el peso del mundo en tus hombros, dejar que la felicidad de alguien más dependa de tí, aunque en el fondo no quieras.

 

Como con toda obra, la interpretación está en el ojo del espectador. Estas son las alternativas que yo encontré al leer este cuento, para otras personas pueden abrirse más caminos, espero que ante cualquier camino que tomen, el resultado final no sea lo más importante que encuentren, sino que el camino sea digno de disfrutar.

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