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La historia entre Ana y yo

Artículo publicado en Aptitus, El Comercio

Una afición puede terminar siento el centro de tu vida profesional. No temas dedicarte de lleno a cualquiera de ellas. Lo importante es que lo disfrutes.

Estoy sentado en una de las butacas del teatro Mario Vargas Llosa, en la renovada Biblioteca Nacional. En breve voy a ver el «El Diario de Ana Frank», la adaptación teatral de uno de los libros que más me impactó de pequeño. Por eso, desde que supe que la pondrían en escena, me sentí atraído por ir. Tanto, que compré la entrada para el día del estreno. Y creo que valió la pena.

La obra recrea impecablemente lo escrito por la pequeña Ana entre los años 1942 y 1944, escondida con su familia y otra más del espanto nazi en una buhardilla en los altos de una fábrica en Amsterdam. Ana tiene 13 años, más o menos la misma edad que yo tenía cuando mi padre me obsequió el libro. Pero hoy, una inspirada y vibrante Patricia Barreto le da vida. ¡Y de qué manera! Ella y sus demás compañeros nos muestran la tragedia de la guerra que libra el mundo libre del totalitarismo, y a la vez nos describen la dura convivencia en medio del temor y las carencias.

El libro no es solo uno de los más leídos de la historia, sino que ha servido para inspirar una película y hasta una serie de televisón. Y, obviamente, también para una obra teatral, que afortunadamente podemos ver en estos días en Lima. Hoy, sin embargo, me acuerdo de otra cosa más: mi padre no solo me regaló el libro, me empujó a escribir un diario (a mí y a mi hermano mayor). Así como lo leen. Nunca supe de ningún amigo que escribiera un diario (por eso mantuve siempre ese dato en secreto). Eso fue, sin duda, lo que me inició en el oficio de escribir.

El mejor maestro se llama lectura. Ella no cesa de enriquecernos en el manejo del idioma, y es la ayuda constante para presentar cualquier idea, hipótesis o emprendimiento, que es a lo que me dedico desde hace largo años. Para escribir primero hay que leer. Porque para contar las mejores historias es necesario estar informado. Y eso solo se adquiere leyendo. El poder de la palabra es imbatible. Pero tras ella siempre tiene que haber un sustento, algo que la haga creíble y perdurable en el tiempo.

Toda mi vida profesional la he pasado escribiendo. Ya sean noticias, informes, entre otros. Siempre esforzaándome por ser claro y convincente. Seguramente tratando de ser Ana. No lo sé. Lo que sí sé es que todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, empezamos a hacer algo que -sin sospecharlo- te enganchará y te acompañará siempre. Y lo mejor: lo disfrutarás. No corras de lo que te gusta.

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