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Josecito, ejemplo de buen servicio

¿Puede el día de hoy una persona de origen humilde, sin contactos, sin estudios universitarios, salir adelante? Sí puede. Solo necesita ciertas virtudes.

Es uno de los diez proveedores de Métrica (trabajamos permanentemente con una imprenta, una empresa organizadora de eventos, dos de taxi, una representante de figuras públicas, una casa realizadora, una de monitoreo de medio, entre otras). Es, como se dice ahora, un emprendedor. Trabaja desde los seis años porque quedó huérfano de padre. Empezó vendiendo agua en el cementerio El Ángel. (Lo hizo hasta que terminó el colegio). Luego quiso estudiar Informática en un instituto, pero a los 8 meses lo abandonó. Desde ahí, y por espacio de 20 años, ha sido lavador de carros en una empresa; lijador y laqueador de puertas en un aserradero; mensajero durante ocho años; cobrador; encargado de almacén y despacho en una empresa editora; y, finalmente, taxista con carro alquilado.

Hace siete años llegó a Métrica a suplir a una persona que a último minuto nos falló en los repartos de Navidad. Y se quedó con nosotros. Hace cuatro años se compró un auto nuevo para darnos un mejor servicio, gracias a que un amigo creyó en él y le prestó el dinero basado en su récord económico con la empresa. Hoy, acaba de comprar su segundo vehículo nuevo y ya piensa en dar servicios a otras empresas. Eso, sin embargo, no es lo más importante, sino que toda la oficina le tiene un aprecio especial. ¿Cuál es su secreto? ¿Cómo así una persona sin estudios y, con prácticamente todo en contra, puede crecer, crecer y crecer?

Me hice esas dos preguntas en el almuerzo de fin de año, al que asistió Josecito, a pedido de todos. Tras tomarme unas cervezas con él, encontré que una persona sin profesión puede destacar también si reúne algunas virtudes que lo distingan:

  1. Responsabilidad. No nos falla. Todos sabemos que podemos confiar en él. Su palabra es su principal capital.
  2. Puntualidad. Marca registrada en Métrica. Él es un ejemplo más de varios de nosotros.
  3. Serenidad. Nadie lo ha visto de mal humor. Siempre acepta retos e invariablemente de buena cara.
  4. Respeto. No se ha presentado un caso en el que él le haya faltado a alguien, aún teniendo razón.
  5. Sentido común y experiencia, que las pone al servicio de todos encontrando soluciones a dudas que a veces nos abruman.

Y claro, a esas habilidades, debemos sumar una tan o más importante aún: empeño. Por eso aprovechó la oportunidad que demoró en llegar dos décadas y se aferró a ella. Hoy, a sus 43 años, el mayor de sus sueños es que sus tres hijos concluyan sus estudios universitarios (uno ya empezó). Ese sueño también lo hacemos nuestro, él continuará siendo diario ejemplo diario para nosotros.

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