fbpx
La nueva oficina

Artículo publicado en Aptitus.

¿Cuán importante es trabajar en un ambiente cómodo, bien cuidado y también moderno? Mucho. Mantiene el espíritu en alto, la dinámica viva y hasta invita a quedarse más tiempo – a gusto- en el lugar donde uno debería pasar no más de ocho horas al día: la oficina.

Recuerdo con mucho afecto mi primera oficina: la vieja casona del desaparecido diario La Prensa, en el jirón de la Unión. Pisos de trajinada y sonora madera, techos altísimos, salas inmensas, puertas con adornos de fierro. Y claro, pequeños escritorios antiguos y viejas máquinas de escribir.

Seguramente lugar poco atractivo hoy en día. Pero en ese entonces, para mí, tenía un poderosísimo encanto: los varios espacios en donde podía reunirme a charlar con mis nuevos amigos periodistas durante largas horas (a ver quién arreglaba el Perú primero).

Luego de un fugaz paso por el diario El Comercio (más señorial, mejor puesto y también con más y mejor tecnología) estuve en dos institutos de investigación y en una agencia de publicidad. Los tres ocupaban modernas y espaciosas casas. Pero las dos primeras tenían poca vida, y funcionaban con lo mínimo indispensable. (Creo que no tenían adornos ni macetas con flores). Quería irme rápido. En cambio, en la tercera, todos los días se respiraba creatividad: se cambiaban los cuadros, teníamos los equipos más modernos, y muebles que tranquilamente podían mostrarse en revistas de diseño. Daba ganas de quedarse hasta el día siguiente.

La televisión me llevó a un vetusto ranchito en Santa Beatriz. Ubicado al costado del edificio principal de América TV, ahí funcionaba el área de prensa del canal. También, todo antiguo (pasaron largos años para que nos mudáramos al edificio y mejoraran nuestras condiciones). En paralelo trabajé en una revista, que ocupaba una austera oficina, y en una universidad que recién empezaba y que tenía a las autoridades (fui decano de su Facultad de Comunicación) en containers algo calurosos. Por suerte el tránsito en Lima no era el de hoy y podía movilizarme con facilidad a mis tres trabajos.

Me vienen estas remembranzas a colación, porque acabo de pasar por la experiencia de remodelar nuestra oficina. Tras 18 años operando en un ambiente cómodo –y sobre todo muy bien cuidado- decidimos dar un salto más y adecuarnos a lo que está hoy en uso a la hora de diseñar ambientes de trabajo. Y claro, para ello, tomé en cuenta lo experimentado en estos años y obviamente conversé detenidamente con amigos arquitectos y diseñadores.

¿Conclusión? Tenemos ahora un gran ambiente común, en donde directores, ejecutivos y practicantes, comparten modernas mesas e interactúan permanentemente entre sí. Nuevas áreas de confort, con televisor (aparato de juegos incluido), cafetera con oferta diversa, y hasta agua helada con fruta. Mucha luz. Y techos más altos, gracias a que hemos dejado a la vista de todos el aire acondicionado. ¿Lo mejor? Un equipo contento, distendido, cómodo, e integrado, con facilidades para rendir el 100% de su talento. Sin duda, ha sido una gran decisión.

Suscríbete

Suscríbete al boletín y recibe nuestras exclusivas publicaciones.

Sin spam. Es una promesa.

 

 

A %d blogueros les gusta esto: