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La ruta para llegar al oyente

Los artistas musicales en el 2018 tienen un concepto muy diferente al de sus antecesores. Ya no es importante vender discos en físico, pegar afiches en la calle para promocionar conciertos o conseguir sonar en la radio. Hoy el Internet ha revolucionado la forma de llegar al oyente.

Imaginemos por un momento que el músico es el emisor, que el público es el receptor y que la música es el mensaje. Hasta hace algunos años, para que el mensaje llegue al receptor desde que era emitido tenía que superar dos grandes filtros: la industria musical y los líderes de opinión. Una banda tenía que tener la suerte de ser producida por una discográfica y una vez que el material estaba listo para presentarse al mercado, tenía que gustarle a los encargados de seleccionar los contenidos en los medios para que así decidan difundir su música.

Hoy la posibilidad de que ese mensaje se transmita al público es mayor. A través de Facebook, Instagram, Twitter, Spotify o Youtube los artistas pueden compartir su música e interactuar con sus seguidores de manera directa. Ya no necesitan esperar  a que un programador de radio, un productor de televisión o un periodista de algún medio especializado tengan la osadía de apostar por ellos.

Cada usuario de redes sociales se puede convertir en líder de opinión dependiendo de su número de seguidores. De hecho, las recomendaciones de usuarios amigos y/o conocidos hoy son muchísimo más determinantes que las de un medio de comunicación masivo. Por eso es tan importante que las bandas animen a sus seguidores en redes sociales a utilizar las opciones de “compartir” o “me gusta” con respecto a sus contenidos.

El marketing musical en el 2018 involucra distintos grados de influenciadores. Todos están interconectados y cumplen su función a pequeña y/o gran escala. Desde personalidades famosas que comparten opiniones a través de sus cuentas en redes sociales, hasta personas de a pie que le cuentan a sus amigos sobre la nueva banda que descubrieron a través de Internet. Todos son importantes.

Asimismo, el desarrollo tecnológico ha abaratado tremendamente los costes de producción, por lo que muchos artistas producen sus obras de manera independiente a través de programas virtuales y luego las difunden por redes sociales. La ansiada espera por ser captados por una discográfica ya es cosa del pasado. Hoy los artistas se autogestionan.

Dicho fenómeno ocurre en paralelo a lo que suena en la radio comercial donde la programación varía en función de encuestas realizadas a oyentes. Una política debatible debido a que este método tiene grandes carencias periodísticas como, por ejemplo, que las radios cada vez se tardan más en programar éxitos que lancen a artistas al estrellato.

Sin embargo, cabe mencionar que el negocio de las radios comerciales consiste en que los grandes anunciantes las utilicen como espacio publicitario para aumentar sus ganancias. Bajo esta premisa, es comprensible que su oferta cumpla con los resultados obtenidos en los estudios de mercado.

Si bien la fórmula utilizada por las radios comerciales ha funcionado por mucho tiempo, hoy en día ya no les genera tantos frutos como antes. La revolución digital ha supuesto un duro golpe para los medios tradicionales en general. La posibilidad de anunciar en la red y la migración de oyentes a los medios digitales ha generado la reducción generalizada de la inversión en promoción y publicidad, llevando a la ruina a muchos medios, y la poca liquidez de las administraciones ha puesto en peligro la supervivencia de muchos puestos de trabajo.

En este contexto, resulta sumamente valiosa la existencia de radios independientes como Doble Nueve (99.1 FM) o Filarmonía (102.7 FM), por ejemplo. Si bien algunos críticos las acusan de potenciar contenidos exclusivistas y ajenos a los gustos mayoritarios del público musical, y de dar la espalda a algunos estilos frente a otros, su aporte diferencial es sumamente valioso para la industria.

Arriesgándose a presentar a artistas que no suenan en la radio comercial, abren la posibilidad a los músicos independientes de obtener un mayor alcance para difundir su música al sonar en un medio tradicional.

De esta forma, las radios independientes compensan el abandono que han recibido los músicos en el último tiempo por otros medios. Uno de ellos es la televisión. Si bien es el medio que mayor repercusión tiene y su programación llega a muchos más espectadores que la radio, experiencias pasadas a lo largo del tiempo han determinado que resulta muy difícil la incorporación de espacios musicales en ella porque los índices de share de este tipo de programas son insignificantes. En términos cuantitativos, a la audiencia no le gusta la música en televisión.

Sin embargo, si la pantalla chica no ha podido promover a la industria musical, la pantalla grande sí lo ha logrado. El cine ha conseguido lanzar carreras artísticas de forma mucho más contundente que otros medios de comunicación como la radio o la televisión consagrándose como un medio de difusión muy efectivo para la música.

Otro medio que por muchos años fue referente para la crítica y difusión de artistas ha sido la prensa especializada. Sin embargo, actualmente vive momentos de cambio. El avance de las nuevas tecnologías y el dominio de Internet como forma de comunicación ha provocado el cierre paulatino o la digitalización de muchas revistas impresas.

El auge de los medios online es evidente, pero es un auge engañoso. Es cierto que la importancia de los blogs y los medios digitales es cada  vez mayor, sin embargo, la profesionalización de estos es muy complicada, y la calidad de sus contenidos está en tela de juicio. Resulta muy difícil sufragar todos los gastos que pueda generar una web si es concebida como algo profesional, algo de lo que pueda vivir la gente que trabaja en ella. Por eso es complicado determinar la calidad del promedio de publicaciones que circulan en la red.

Entonces, ¿cuál es la fórmula para que los artistas lleguen a los medios tradicionales? en una época donde la definición de medio de comunicación se ha tornado difusa porque los avances tecnológicos han hecho que cualquier individuo pueda ser una potencial fuente informativa, apostar por promover el feedback de las audiencias en redes sociales resulta un camino muy acertado.

Hoy el mecanismo para que los artistas lleguen a los medios tradicionales es a través de su interacción con la web 2.0. La participación activa de los usuarios se convierte en el caldo de cultivo para que un artista se convierta en mediático.

La buena noticia es que con el avance de la tecnología el futuro se torna prometedor para los artistas de hoy. Gracias a Internet y a todas las plataformas que han ido surgiendo en la última década, ahora hay muchísimas más posibilidades de comunicación.  La brecha que existía entre lo que decían los medios tradicionales y la clásica conversación entre amigos en un bar antes de un concierto se ha acortado.

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