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La visión del juego

Se acabó Rusia 2018 y con esto se cierra uno de los ciclos más emocionantes que he vivido en mis 31 años. Mi fanatismo por el fútbol y sobre todo por la selección lleva más años de los que me acuerdo y llega a tal punto que varias personas queridas me llamaron a pedir calma antes del partido con Nueva Zelanda en Lima, pues “temían” por mi vida de no darse la clasificación.

Antes que ver el fútbol como un deporte de competencia en equipo, lo veo como la representación más pura de la vida, pues ganas, pierdes, amas, odias, te ilusionas, te decepcionas, gozas, lloras, en fin, ¡Vives!

Entonces viajar a Rusia significaba principalmente cumplir dos sueños: el primero de ver a Perú en vivo y en directo en un mundial; y el segundo de poder estar en la fiesta, más importante, del deporte más lindo del planeta.

Para lo primero, ya todos sabemos el desenlace. Ya no tenía voz antes del primer partido con Dinamarca por todo lo que habíamos cantado durante el viaje de Lima a Saransk, y lloré como no me acuerdo haberlo hecho antes la noche del 21 de junio en Ekaterimburgo cuando nos eliminó Francia (un hincha peruano al tratar de consolarme me preguntó si había fallecido algún familiar). Pero como todo en la vida, tendremos una revancha y siempre creeremos en ti, Perú.

Para lo segundo, fue realmente increíble el poder respirar fútbol todo el día. Me considero un pésimo turista, pues no disfruto mucho de ir a ver monumentos, conocer tumbas o visitar museos; pero en este viaje me encantó hacerlo. En cada lugar al que ibas, te encontrabas con hinchas de las distintas selecciones, con los que claramente solo se conversaba de fútbol así estuvieras en el Mausoleo de Lenin o en el Hermitage, e ibas intercambiando sensaciones y vivencias, que son tan distintas como todas las culturas y costumbres que hay en el mundo.

En fin, luego del turismo siempre llegaba la parte más interesante del día: reunirnos para ver todos los partidos de la fecha en algún bar, FanFest o restaurante. Obviamente las transmisiones no eran español o en inglés; ¡eran en ruso! Como no entendíamos nada, entre todos íbamos analizando el desarrollo del partido, sacando nuestras propias conclusiones, dando nuestras predicciones de lo que iría sucediendo, pero sobre todo viviendo el fútbol sin ningún sesgo, lo cual personalmente me encantó y recién me di cuenta cuando volvimos a Perú.

El primer partido de este mundial que vi en Lima fue el Colombia – Inglaterra, y lo vi a través de una cadena internacional con comentaristas argentinos. Más tarde tuve una reunión de trabajo, en la que los demás participantes habían visto el mismo partido en el canal local (con otros comentaristas), y su opinión era totalmente opuesta a la mía, cosa que también era muy distinta a lo que había vivido durante los partidos que veíamos en Rusia, pues generalmente todos estábamos en cierta forma de acuerdo.

Entonces una vez más pensé en qué importante es la comunicación y cuánta responsabilidad e injerencia tienen los periodistas en la percepción de distintos temas ante su público. Al final no pude volver a analizar si Colombia perdió por culpa o no del árbitro (fueron los argumentos de cada uno de los canales mencionados), pero sí puedo concluir que alguno estaba equivocado y que seguro uno estaba mejor informado y actualizado sobre el reglamento del fútbol.

Y si el fútbol es la vida, parte muy importante de la vida es el trabajo. Y es justamente el estar bien informado una de las principales claves que tenemos en Métrica para darles un servicio de calidad a nuestros clientes. Por un lado, las estrategias y planteamientos a largo plazo son realistas y con objetivos claros si estás al pendiente de la coyuntura; y esto a su vez nos permite siempre estar un paso adelante y tener la proactividad que tanto valoran las empresas. La tecnología nos permite cada vez tener más información a la mano, pero hay que saber analizarla, dosificarla y difundirla para lograr mensajes potentes que fortifiquen la reputación.

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